Buena muestra de talante la que acaba de dar el Gobierno/Grupo Socialista en el Congreso, no permitiendo junto con sus socios el debate de una serie de iniciativas planteadas por el Grupo Popular relativas a la lucha antiterrorista.
Es gracioso que ya, los "progresistas", en una actitud tremendamente reaccionaria no permitan ni siquiera el debate (¿No quedamos en que todas las ideas se pueden hablar?) de ideas que, en este momento particular de nuestra historia, y según su democrático entender, no conviene discutir. La excusa, como últimamente, consiste en que estas iniciativas son, por supuesto (faltaría más) extremistas, alarmistas, etc.
Sin entrar ya en quién tiene más o menos razón, me da vergüenza que éstos, los que en este momento nos mandan (o nos manejan), rechacen directamente la simple idea de HABLAR, DEBATIR sobre un tema en la sede de la representación de la SOBERANÍA POPULAR. Mal estaría que se le retirase la palabra a uno sólo de los representantes de cualquiera de los partidos que forman el grupo mixto, ya que se supone (la teoría es lo que tiene, que lo soporta todo) que un grupo, por pequeño que sea de PERSONAS lo han elegido para que haga valer su voz en el sitio donde se toman las decisiones que finalmente, en mayor o menor grado, terminan afectando a nuestras vidas; luego, lo que diga podrá ser tomado en mayor o menor consideración, pero al menos, habrá tenido la oportunidad de explicar su postura. El Grupo Popular, el PP vamos, está solo, aislado. Es curioso, porque más o menos, estamos diciendo que casi DIEZ MILLONES DE PERSONAS están solas. Es una "trampa" curiosa en la que sin duda, y muchas veces de forma plenamente consciente, les gusta hacernos caer a los que tienen que vender ese pescado (podrido).
Además, por qué está solo: porque son tan malos que nadie quiere estar con ellos (el bloque de los buenos contra los malos; algo así como los Aliados contra el Eje Roma-Berlín-Tokio, y las pelis nos han enseñado que los buenos son los que tienen que ganar porque además tienen la razón -al fin y al cabo, el PP y Hitler, bueno, Franco, son lo mismo; eso como la publicidad de Yoigo, es "verdad verdadera", y el que lo ponga en duda es que es tan "facha" como ellos). ¿Quién va a querer una compañía así? ¿El PSOE? Imposible, son de izquierdas y una de sus misiones para esta legislatura es asegurarse de que no ocurran errores como con Felipe González y el PP llegue así por las buenas al Gobierno (una nueva muestra de lo que gusta en este país -al PP tampoco le gusta- la sana alternancia de poder). ¿IU? Con Llamazares, ni de broma. Su misión consiste en asegurarse de lo mismo que el PSOE: que los fascistas no vuelvan a gobernar el país. ¿CiU y PNV? Estos son de derechas. Fíjate lo chungos que son en el PP que ni siquiera los otros partidos de derechas quieren ir con ellos. Pero vamos a ver una cosa, ¿Realmente los intereses de estos partidos son los mismos que los del PP? Pues quizá, si estuvieran gobernando en sus "países", dentro de su "país" sí aplicarían políticas de derechas, pero para eso primero tienen que conseguir su "país" (su "nación"), y para la consecución de este objetivo, mejor PSOE que PP. Están en la oportunidad de su vida para conseguir la mayor tajada posible. Luego, si el PP vuelve al gobierno, siempre se puede volver a pactar con ellos (mayor inclinación tendría CiU) para seguir a lo suyo, a pillar cacho para sus "naciones". En estos casos, la ideología, el ser también de derechas es secundario. Que nos queda, ¿Coalición Canaria? Con muchas menos aspiraciones que CiU y PNV, al final su misión también es "pillar cacho", con lo que en condiciones normales les da igual quien mande, porque le van a "dorar la píldora" en cualquier caso. Finalmente, el grupo mixto, formado por representantes de partidos que mayoritariamente reúnen dos condiciones: ser de izquierdas, con lo que no van a apoyar a la peor derecha del mundo (salvo quizá el partido Republicano Norteamericano), y son nacionalistas/regionalistas, con lo que con este PSOE van a sacar mucho más que con un gobierno pepero. En fin, que efectivamente, el PP está "solísimo", pero lo ilógico con estas condiciones es que no lo estuviera. Pero vamos, el escenario es ideal para la venta de la imagen de "fíjate si sois mala gente, que nadie os quiere".
En fin, que con este caldo de cultivo, la conclusión es la siguiente: Los fascistas, que lógicamente no quieren la paz porque les mola que ETA les siga matando votantes, pretenden que les dejemos contarnos una milonga nazi, porque a éstos lo único que les pone es recetar siempre palos, acerca de cómo tratar a una peña que bueno, puede que sean malotes (ayyyyyy) y estén equivocados en ciertas cosas, pero que seguro que hablando, que es lo democrático, les vamos a convencer y para el resto de la vida por siempre jamás se van a acabar los atentados (los de éstos, porque claro, como Aznar nos metió en la guerra de Irak por la foto de las Azores y el apoyo a Bush, no podremos evitar que los islamistas radicales -no los que apedrean mujeres en algunos sitios por enseñar el pelo por la calle, que algunos de esos son normales- lo mismo nos hagan algo más). Pues eso, que menos mal que aquí está el séptimo de caballería progresista para evitar que los fachas píen. ¿Qué casi diez millones de personas -aunque hubieran sido dos gatos- les votaron para que llevaran su voz a la sede de la soberanía popular? Tonterías, diez millones de fascistas no tienen derecho a ser escuchados, por el hecho en sí de ser unos fascistas de mierda.
La pena es no poder identificar a esos votantes porque de esa forma podríamos aplicar el "cordón sanitario" recomendado por luchadores por la libertad como Federico Luppi. Es algo que se ha puesto en funcionamiento en otras épocas de la historia y ha funcionado. Se les marca (no sé si con una estrella de David; ahora quizá se pueda usar una gaviota), para que los demás los "calen" y eviten el contagio, después se les confina en guetos de donde no puedan salir, y poco a poco se les va... bueno, exterminando no, porque entonces correríamos el riesgo de ser tan fascistas como ellos; simplemente hay que hablarles y convencerles, con el diálogo (esta palabra y sus sinónimos hay que tenerlos a la orden del día, salvo en el Congreso), de que están equivocados, pobrecitos míos, y que el auténtico camino está a la izquierda; el de la derecha hay que borrarlo.